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Memoria, ritual y acompañamiento: una experiencia en el Encuentro de la Red Latinoamericana de Acompañamiento en la Muerte y el Duelo

Hay encuentros que dejan aprendizajes. Y hay otros que atraviesan profundamente la memoria, el cuerpo y la manera de comprender el acompañamiento humano. El Encuentro de la Red Latinoamericana de Acompañamiento en la Muerte y el Duelo fue una experiencia transformadora que reunió a profesionales, terapeutas, artistas, facilitadores y personas comprometidas con crear nuevas formas de sostener los procesos de vida, muerte y duelo desde la sensibilidad, la presencia y la comunidad.

 

Un espacio atravesado por la memoria colectiva

Cada encuentro de la Red se realiza en un lugar de memoria. Espacios que no solo reciben a quienes llegan, sino que sostienen historias, heridas y fuerzas colectivas. Este año el encuentro se realizó en Casa Nazaret, un espacio de retiro donde la vida encuentra lugar para ser pensada, sentida y transformada. Allí también habita la Iglesia de la Santa Cruz, un lugar profundamente significativo en la historia argentina. 

 

Fue el espacio donde las Madres de Plaza de Mayo se reunían para encontrarse, organizarse y sostenerse durante la dictadura. Doce personas vinculadas a la Orden de la Santa Cruz fueron desaparecidas y hoy sus cuerpos descansan allí. La memoria atraviesa cada rincón de ese espacio. Estar reunidos allí, hablando sobre muerte, duelo y acompañamiento, hizo imposible separar la experiencia de la historia, la resistencia y la memoria colectiva.

 

El lugar también está lleno de símbolos y arte que acompañan la experiencia: un mural de Adolfo Pérez Esquivel, un Cristo tallado en una sola pieza de palo santo por una comunidad indígena argentina, los pasillos silenciosos y cada detalle que sostiene la energía del espacio.

 

Preparar un encuentro para más de 150 personas

Llegamos un día antes para preparar cada detalle del encuentro. Al día siguiente recibimos a más de 150 personas y luego muchas más se sumaron a la feria y a la muestra audiovisual. Dentro del encuentro tuve la alegría de liderar el eje Empoderarte, enfocado en el acompañamiento a través de rituales, arte y creatividad. Creamos experiencias donde el acompañamiento pudiera sentirse desde lo simbólico, lo colectivo y lo sensible.

 

Espacios vivos: arte, ritual y creación colectiva

Hay espacios que se preparan y otros que, poco a poco, se convierten en un cuerpo vivo. Los espacios de intervención artística nacieron desde el amor, la memoria y la intención de acompañar. Junto a Empoderarte imaginamos lugares para gestos simples y profundamente significativos. Dejar algo de sí, resignificar una historia o simplemente habitar un momento también fue parte de la experiencia.

 

Así apareció un árbol de mensajes lleno de palabras, nombres y recuerdos. También una máquina de escribir antigua donde comenzó a tejerse un poema colectivo. Cada persona dejaba una frase, una imagen o una emoción y, entre muchas manos, fue tomando forma algo inesperado y profundamente humano. También dimos forma al altar del encuentro.

 

Con el paso de los días, el altar fue transformándose. Se llenó de flores, velas, objetos, fotografías y mensajes hasta convertirse en un reflejo vivo de todo lo compartido. El cierre del encuentro no se sintió como un final, sino como una forma de integración. Un momento para agradecer, honrar y reconocer todo lo vivido.

 

El Kit Botánico para el Acompañamiento

Otra de las experiencias más significativas fue la creación del Kit Botánico para el Acompañamiento. Cada producto fue imaginado, creado y preparado con meticulosidad y amor antes del viaje. Cada detalle fue pensado para acompañar. Para llegar a manos y corazones capaces de sentir ese cuidado, esa intención y esa presencia.

Durante la feria de emprendimientos, productos y servicios ligados al acompañamiento, organizada por Empoderarte, los kits encontraron rápidamente nuevas manos.

 

Más allá de que todos los productos se vendieron, lo más significativo fue sentir cuánto resonó esta forma de acompañar: creada desde lo sensible, lo simbólico y lo amoroso. Confirmar que existen personas buscando nuevas formas de sostener, cuidar y atravesar procesos humanos desde la presencia, el ritual y la creatividad fue profundamente emocionante.

 

Acompañar también es sostener lo invisible

Este encuentro dejó una certeza profunda: acompañar no siempre significa tener respuestas. A veces acompañar es crear espacios donde algo pueda tomar forma. Es sostener lo invisible. Es permitir que la memoria, el arte, el cuerpo, los símbolos y la comunidad encuentren un lugar donde existir, y quizás por eso esta experiencia tuvo tanta fuerza.

 

Porque recordó que incluso en los procesos más difíciles, el encuentro humano sigue siendo capaz de transformar, contener y dar sentido. Esto fue apenas el comienzo. Cada experiencia, cada historia y cada creación compartida seguirá expandiéndose mucho más allá de esos días.